Artistas Locales de San Fernando presenta a Carmen Carreño, acuarelista: “Mi obra siempre ha estado ligada a lo que vivo”

La artista sanfernandina nos cuenta sobre su infancia en el Valle de Colchagua, la importancia de la temática del viaje en su obra y sus proyectos suspendidos por la pandemia.

(Un reportaje de Felipe Sasso, periodista y escritor sanfernandino. Miembro del equipo de comunicaciones de Artistas Locales de San Fernando).

Uno de los principales recuerdos que tiene Carmen Carreño (1985) sobre su infancia en San Fernando, es el viaje a un refugio del Liceo Neandro Schilling en la precordillera. En ese lugar aislado y sin luz, la joven artista dio rienda suelta a su imaginación dibujando y pintando el bello paisaje de la montaña. Sin saberlo, en ese prematuro instante de su juventud, Carmen formó sus primeros lazos con el mundo del arte.

Hoy, esta joven sanfernandina está convertida en una artista profesional, y su vía de expresión ha sido la técnica sobre acuarela, la cual ha trabajado desde que finalizó la carrera de Licenciatura en Arte en la Universidad Católica, en Santiago. Su obra ha estado caracterizada por trabajar escenas de la vida íntima y cotidiana que suceden al interior de una casa, también por la temática del viaje, representada especialmente en el trayecto entre Santiago y San Fernando. “Cuando me mandaban una tarea en la U, siempre terminaba pintando algo de San Fernando, o el camino a San Fernando”, reconoce.

La presencia de la capital colchagüina ha sido frecuente, de hecho, su exposición “Al lado contrario de la luz” fue presentada en el Museo Lircunlauta, en marzo del año pasado. A ella hay que sumarle “Ruta 5”, expuesta en la Universidad de Talca, en 2015, y que demuestra la preocupación constante por retratar el tránsito y el movimiento.

Hija de profesores, su mamá hizo clases de Castellano en el Colegio Marista de San Fernando, y su papá fue profesor de Química en el Liceo de Hombres, recibió una temprana y determinante estimulación artística en el seno familiar, lo cual terminó siendo clave en su elección vocacional. De hecho, Carmen es ahijada del respetado pintor sanfernandino Carlos Aceituno. Así, desde que pintaba a Dragon Ball en su casa familiar, hasta exponer en Berlín, Alemania, esta artista ha logrado desarrollar un estilo propio que permite caracterizar su obra.

La cuarentena la pasa en la casa de sus padres, ahora radicados en la comuna de San Bernardo, pintando y haciendo clases, pero poniendo especial énfasis en el cuidado de su salud debido a su asma. El periodo de confinamiento ha provocado la cancelación de proyectos, uno de ellos una interesante exposición que retrataba la crisis hídrica que afecta a Chile, además le ha impedido ver a su hermano, a sus sobrinos y a sus amigas. Aun así intenta ser positiva y adaptarse al momento excepcional por el que todos estamos atravesando. “Soy una persona que pasa mucho tiempo en su casa”, señala.

¿En qué consiste tu trabajo artístico?
La mayoría del trabajo que he hecho pintando ha documentado el recorrido de Santiago a la casa de mis papás. He generado un material gráfico sobre ese camino que es muy personal, muy autobiográfico como cuando uno viaja, y lo que uno ve; los cambios lumínicos, eso me ha interesado mucho, lo he trabajado mucho los últimos años. Es como un camino ya mecánico, te vas fijando en todas las cositas y el paisaje es algo que me llama mucho la atención visualmente.

¿De dónde viene esta preocupación por el arte?
Mi papá es profesor de Química, pero pinta todo el día, dibuja. En estos momentos está tocando flauta. Pese a que mi colegio no era muy enfocado en las artes, en la casa él me compraba lápices, me llevaba a la precordillera a un refugio que tenía el Liceo de Hombres y pintábamos juntos, así que recibí mucha estimulación artística en mi casa.

¿Cómo definirías tu obra?
Yo he ocupado la técnica de la acuarela desde el año 2007, me defino un poco como pintora, no sé si como artista visual, porque ese término engloba muchas cosas y yo no he explorado tanto otras cosas más que la pintura. Mi trabajo lo definiría como bien autobiográfico, pinto imágenes y pinto gente que es muy cercana a mí, o lugares que yo veo, nunca pinto imágenes que yo no tomo; para pintar un lugar tengo que ir al lugar. Mi obra personal siempre ha estado muy ligada a lo que yo vivo, así que en eso es un trabajo muy íntimo en verdad. También he trabajado en otros proyectos y para otras personas y ahí sí pinto otras imágenes de lugares o momentos donde yo no estuve, eso se ha dado con el tiempo y también ha sido muy bacán porque retratas algo que la otra persona quiere mucho tener.

¿Cómo es la experiencia que tienes con el lugar que quieres retratar?
Yo creo que mi experiencia con el lugar es que me llama a pintarlo. Desde chica, el paisaje o las situaciones lumínicas que pasan en cierto lugar me llaman la atención tan potentemente que siempre quería como retener ese momento, y la forma de retenerlo era pintándolo.

Ahí igual marcas una diferencia con la fotografía, porque uno podría decir que si quieres retratar un lugar, también puedes tomarle una foto…
Exactamente. Es algo que yo he tratado de analizar, porque conceptualmente funcionaría muy bien: sacas una foto y te quedas con ese momento, pero hay algo también en la práctica pictórica de demorarse, de construir algo en el tiempo. La imagen fotográfica es una imagen mecánica e inmediata, y al parecer, esto es muy de guata, no lo puedo conceptualizar tan fácil, me da la sensación que construir esto a través de horas pintando es algo en lo cual yo puedo sentir que puedo captar más ese momento. No sé si te ha pasado que estás en un momento con un paisaje hermoso y le sacas una foto con el celular y la foto no dice nada realmente de lo que estás mirando, como que hay una distancia muy cuática, puede ser porque la cámara no sea muy buena, pero me da la sensación de que la foto no me está dando nada. Esto también puede pasar porque nunca he tenido talento para la fotografía, tengo amigas fotógrafas que podrían capturar ese momento de forma maravillosa, pero mi forma de capturarlo es a través de la pintura porque es donde me siento mas cómoda.

La foto a veces no le hace justicia al paisaje…
Exactamente. Y me da la sensación de que con la pintura he podido darle un poquito más de justicia a lo que yo quiero representar.

¿Cómo es el proceso de creación de una de tus obras?
A veces son imágenes muy inmediatas porque vas en un auto, son imágenes movidas. Voy súper tranquila, pensando en otra cosa, pero a veces hay una situación donde agarro rápidamente mi cámara y trato de sacar fotos en ráfaga, después llego, las reviso altiro y veo si hay algo. El proceso de pintar a veces es súper largo, la acuarela se hace por capas, cada capa se seca, es un proceso muy bonito, pero también muy lento.

¿Cuánto tarda el proceso en general?
Todo depende del nivel de detalle, puedo demorarme de una hora hasta 150 horas. Puedes estar un mes completo pintando algo, o puedes pasar medio día también. Todo depende del tamaño y del detalle que uno quiera darle.

¿Cómo y cuándo decidiste trabajar con acuarelas?
Me metí a la U siendo muy pollo, salí del colegio muy niña, porque hay gente que a los 18 años ya es muy madura, pero no era mi caso. Entonces a los 18 me metí a Arte, absolutamente no sabiendo nada, y del 2004 al 2007 estuve haciendo muchas cosas: grabados, dibujos, fotos, hasta que por suerte de la vida me encontré con una profe que ella misma me pasó acuarelas, me las regaló y me regaló un pedazo de papel. Lo intenté y dije bacán, me gusta, como cuando te encuentras con algo que te gusta, que ni siquiera pensabas y literalmente nunca lo dejé, y ya llevo trece años pintando y nunca me he dedicado a otra cosa ni a otra técnica.

¿Por qué entraste a estudiar Arte?
Siempre me gustó pintar y dibujar. Tenía una prima y ella también había estudiado arte, me gustaba lo que ella hacía, pero de verdad reconozco que yo no tenía nada muy claro. Afortunadamente no sentía una presión, tengo papás que me apoyan siempre, así que encontré en Arte algo que me gustó mucho y me quedé ahí.

¿Cómo fue el momento cuando les contaste a tus papás?
No fue tan buena la reacción al principio, pero no duró mucho. Igual se entendía, porque no es que hay poco campo laboral, simplemente no existe. Entonces, cualquier persona normal se preocuparía por sus hijos, pero ellos son profes, por lo tanto, uno también podría sacar la licenciatura y convertirse en profe, así que también habían caminos. La verdad es que yo en el colegio no lo pasé tan bien porque no conecté mucho con las materias que se pasan en un colegio, estaba absolutamente desconectada con todo eso, para mí fue como una rutina ir al colegio, pero cuando entré a la Escuela de Arte sentía que estaba conectada con algo que necesitaba, entonces fue fácil quedarme ahí.

¿Qué recuerdos tienes de tu infancia en San Fernando?
Bacanes, lo pasé muy bien en mi casa, de chica. Tengo muchos recuerdos de haber ido con mis papás a ese refugio del Liceo de Hombres en la precordillera, era una casa gigante de madera y era muy entretenido porque no tenía luz, y era muy bacán porque eran dos semanas que mi papá nos llevaba todos los veranos y vivíamos sin tele, así que hacíamos fogatas, yo llevaba mis lápices, pintaba y dibujaba mucho. Era muy loco y lo recuerdo como algo muy bacán.

¿Qué otras cosas recuerdas de haber dibujado o pintado durante tu infancia en San Fernando?
Igual pasé por esa época de dibujar Dragon Ball y Los Supercampeones (risas), como que todo el mundo pasa por eso. Pero además siempre pinté paisajes, muy obsesionada con la cordillera también, es algo desde chica. Acá no se ve mucho por el smog, pero cuando se logra ver es como una emoción, es una cuestión muy brígida.

¿Cuál es la importancia de la temática del viaje en tu obra?
Es casi todo, en el fondo es como moverse. Yo estoy feliz en Santiago, pero siempre me he sentido provinciana. Cuando uno es provinciano hay ciertas cosas que se quedan para siempre, y eso es muy importante para mí de retratar. He hecho otros viajes, pero me interesa mucho la provincia. Vivimos en un país extremadamente centralizado en Santiago, y las provincias están absolutamente abandonadas. Iba a hacer una exposición que no se concretó, donde yo había hecho el camino hasta Petorca, donde hay mucha sequía, fui el año pasado a hacer ese camino. Me interesa la provincia en sí.

¿Qué otros temas abordas en tu obra?
Otra cosa que me interesan mucho son las escenas cotidianas e íntimas que pasan dentro de una casa. Cómo los habitantes de esa casa viven, se mueven, porque todos tenemos una vida, pero para afuera, que es como una forma de presentarnos, pero al final mostramos re poca intimidad: cómo hacemos las cosas, cómo vamos al baño, cómo cocinamos, y eso siempre me ha interesado mucho también. En el fondo se podía englobar como situaciones aburridas y cotidianas, pero que yo considero que son muy bonitas y que son parte de nuestra vida, porque nuestra vida son cosas cotidianas. No me interesan mucho los hitos, porque a veces siento que los hitos todos los publicitamos. Salir de la U, casarse, tener hijos, todos recibimos muchas imágenes de eso, a mí no me interesa tanto, me interesa más el bajo perfil.

A muchos artistas les complica mostrar su arte por primera vez, compartirlo, ¿Cómo fue esa experiencia para ti?
Muy brígido, lo pasé muy mal. Pasé unos años en la escuela muy ansiosa, me daba mucha vergüenza, en verdad crisis. Era tan privado que lo pasé muy mal, mucha ansiedad. Igual es cuático ir a una escuela de arte porque vas a entregarte un poquito, y yo soy bien introvertida, tanto que incluso llegué a pensar que no era para mí.

¿Entonces cómo te atreviste a soltar tu obra y a compartirla?
Fue un proceso súper largo, pero fue como que yo me autoimpuse, onda: tengo qué hacerlo, no veo otra salida. O lo hago, o simplemente me dedico a otra cosa. Me autoimpuse ese límite, no podía seguir pasándolo mal. Fue bacán, fue un camino muy cuático, pero logré liberarme. Fue muy bueno para mí porque siempre fui muy tímida, así que fue bueno para crecer.

¿Puedes hablarnos sobre las dos exposiciones individuales que ya has presentado: “Ruta 5” y “Al otro lado de la luz”?
Ruta 5 fue hecha específicamente para la Universidad de Talca, y retraté el camino desde la casa de mis papás hasta Talca. Eran 22 paisajes de la ruta desde San Fernando hasta esa ciudad. Me interesaba mucho llevar algo que fuera hecho para ellos. Al lado contrario de la luz, la hice en enero de 2019, fue muy bacán poder ocupar el Museo Lircunlauta, fue muy hermoso, a parte que es una casona preciosa, además de tener la posibilidad de exponer en mi ciudad. Elijo a veces escenas que no son postales, no sé si me interesa ese tipo de paisaje, que es lo que todos conocemos o lo que todos queremos ver. A veces me interesa representar los lugares que, como construcción social, no entendemos como bonitos. Eran muchas imágenes de noche, a veces borrosas, evitando el paisaje postal que todos vemos, era como buscar el lado B. Hay unos paisajes del camino de Santiago a San Fernando muy cuáticos donde hay muy poca iluminación, bien lúgubre, donde pienso ¿quién va a mirar esto? Siento que estamos rodeados de cosas visuales que nadie quiere ver, hasta que llegamos a algo que consideramos bonito. No es que me parezcan malas las postales, sólo siento que están sobre representadas. Tampoco quiero plantearlo como una crítica hacia quien hace esas imágenes ni hacia a quien se las hacen, porque me parece que está bien, sólo que siempre me ha llamado la atención otro tipo de lugares

¿Cómo has lidiado con el periodo de cuarentena?
Ha sido súper cuático. Artísticamente, tuve que trasladar toda mi pega de profe online, tengo mis alumnos y he estado bien pegada en el compu. Esperemos que podamos terminar el año bien, me he dedicado harto a pintar. Ha sido un cambio de vida porque ha significado no viajar a San Fernando.

¿Qué es lo más difícil que te ha tocado enfrentar en tu trabajo?
Lo más difícil es pensar que uno puede hacer una vida de esto, porque uno se cuestiona mucho si lo que está haciendo tiene alguna importancia, si aporta algo. Para mí la pedagogía fue la forma, o sea no he hecho clases en colegios ni he estudiado Pedagogía, pero en el fondo, enseñar, y darme cuenta del servicio que podía darle a alguien cuando quiere aprender algo que tú le puedes dar. Me encanta hacer las clases, es lejos lo que más disfruto, porque, literalmente ahí se pagan todas las horas de trabajo. Es muy bonito poder entregar el conocimiento que alguien quería recibir. Ojalá pudiera hacer clases siempre.

¿Cómo ves el tema del acceso a la cultura en San Fernando o en otros lugares fuera de Santiago?
Me encantaría que la provincia esté más potenciada, por la diferencia que veo desde que llegué a Santiago. Es muy distinto el acceso a la cultura, es otra vida. La gente de Santiago no tiene idea de lo que era crecer en los ochenta o en los noventa en provincia. Mi sueño sería poder ir a exponer a la mayor cantidad de provincias posibles o de poder trasladarme y poder gestionar a otros artistas para que puedan moverse, pero es muy complejo.

¿Cómo te ves a futuro, cómo te gustaría proyectarte?
Ojalá siempre haciendo clases, ojalá tener esa oportunidad. Mi obra como es tan autobiográfica está muy ligada a lo que vivo, así que es difícil proyectarme. Lo que vivo en la vida es lo que me va a dar las claves de cómo va a seguir mi producción artística.

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